El desierto de Wadi Rum

Nos despertamos más tarde de lo que solemos hacer cuando estamos de viaje, la visita el día anterior a Petra nos dejó muy cansados, aunque hay que decir que el desayuno en el Rocky Mountain Hotel nos ayudó a recuperar un poco de fuerzas. Como no teníamos ninguna prisa vagueamos un poco antes de ponernos dirección al desierto de Wadi Rum.

Este día fue otro de esos de los que teníamos marcados antes de llegar a Jordania, íbamos a dormir en el desierto de Wadi Rum, una vivencia increíble que recomendamos a todo el mundo que viaje a este increíble país.

El desierto de Wadi Rum es un desierto de piedra y arena, un mar de arena roja lleno de sorpresas en cada esquina, sin duda la belleza del desierto junto con la noche en el campamento con fiesta beduina incluida hacen que sea otro de los súper imprescindibles de Jordania.

La reserva para pasar la noche en el desierto de Wadi Rum la hicimos la noche anterior en el mismo Rocky Mountain Hotel, contratamos un pack que incluía una noche en un campamento beduino con excursión en todoterreno por el desierto, cena y bebidas incluidas. El precio de este Pack fue de 40 dinar (45€) por persona.

Si no se contrata la excursión antes de llegar al desierto de Wadi Rum, ya sea por internet o como hicimos nosotros en un hotel antes de ir al desierto, se puede contratar sin problemas en el centro de visitantes que hay en la entrada del desierto, allí te lo organizan todo.Es importante saber que no hay autobuses públicos que lleguen al desierto de Wadi Rum, se puede llegar a alguna ciudad cercana y desde allí ir con otro tipo de transporte hasta el centro de visitantes. Nosotros lo hicimos con nuestro propio coche de alquiler y es lo que recomendamos.

Tardamos en llegar al desierto, desde Wadi Musa, unas 2 horas con un par de paradas incluidas, paramos junto a varios camellos que parecían en libertad y a la salida de Wadi Musa también hicimos una parada, había unas nubes encima de la ciudad espectaculares y nos quedamos embobados un buen rato viendo el espectáculo.El trayecto es agradable y el recorrido pasa bastante rápido. En cuanto llegamos al parking del centro de visitantes nos dirigimos a las oficinas y antes de llegar al interior le enseñamos a un chico que había fuera la reserva que habíamos contratado en el Rocky Mountain Hotel, en ella había un número de teléfono, el chico sin dudar llamó con su móvil y lo arreglo todo, nos dijo que nos dirigiésemos al pueblo de Rum que allí nos esperaba nuestro conductor, así que sin dudarlo nos fuimos a su encuentro.

La entrada a Wadi Rum tiene un precio de 5 dinar (5,6€) por persona, si viajas con el Jordan Pass la entrada está incluida.

En la actualidad viven en el pueblo de Rum unas 1000 personas, la mayoría de ellas dedicadas al turismo. A la entrada de este pequeño pueblo se encuentra el parking donde se deja el coche y que sirve de punto de encuentro entre turistas y guías.

Aunque lo normal es contratar un tour que incluye el transporte en 4×4 es posible recorrer con tu propio todo terreno el desierto, es importante tener experiencia porque nos pareció bastante complicado conducir por él.

Una vez en el parking conocimos a Ayan, el que fue nuestro guía, cocinero y anfitrión por el desierto de Wadi Rum, un chico muy gracioso que no paraba de hacernos bromas, nos invito a un té en el local que hay pegado al parking, allí saco un mapa y nos explico un poco el tour que tenia pensado hacer. Nos ofreció la alternativa de alargarlo 2 horas más e incluir la comida, como eran poco más de las 11 de la mañana no lo dudamos y aceptamos, el suplemento fue de 35 dinar (39,7€) en total.

Tras esta primera toma de contacto con Ayan nos subimos al 4×4 y empezó nuestra aventura por el desierto de Wadi Rum.

La primera parada fue en el mismo pueblo, nos dejó cerca de las montañas que lo rodean y hicimos un trekking que sube a un mirador del pueblo y acaba en un pequeño manantial en el interior de la montaña.

Después de esta primera toma de contacto ya nos adentramos en el desierto y empezamos a disfrutar de este mágico paisaje.

Esta segunda parada fue en Lawrence’s Spring, se trata de un manantial de agua fresca que brota en un sitio inusitado, de donde sacan agua los beduinos y desde donde hay una vistas bonitas del desierto.

Para llegar al manantial hay que subir por una pendiente de rocas que nos hicieron sudar bastante, aunque puede ser una visita prescindible a nosotros nos gustó.

Antes de salir en dirección al siguiente punto disfrutamos de un té en la carpa que hay justo abajo de Lawrence’s Spring, es gratuito e invitan a todos los turistas, aquí también se pueden comprar souvenirs y justo al lado organizan excursiones en camello.

La Red Sand Dune es la duna que se ve en la mayoría de fotos del desierto de Wadi Rum, esta fue nuestra tercera parada y una de las más espectaculares.

Si subes a lo alto de la duna, cuesta bastante y los zapatos se llenan por completo de arena, podrás disfrutar de una de las mejores vistas del desierto, te sentirás como en otro mundo y disfrutaras del silencio con un paisaje impresionante de increíble belleza.

Khazali Canyon es uno de los lugares más famosos en el desierto de Wadi Rum, este cañón contiene dibujos e inscripciones nabateas, árabes e islámicas, que datan de hace miles de años.

Aquí tuvimos el susto del viaje, lo primero que te dice el guía al llegar a este lugar es que no intentes escalar, pero cuando llegamos al final del cañón había una pareja holandesa y el chico estaba intentando escalar por las paredes resbaladizas del cañón, patinó dos veces y Laura y yo nos miramos temiendo lo peor y decidimos irnos.

En ese mismo momento la chica gritó y el chico se cayó de pie de una altura bastante alta, le pedimos si se encontraba bien y nos dijo que sí, pero estaba muy pálido y no podía ni aguantarse de pie, se había roto el tobillo.



El cañón tiene varias alturas que aunque no presentan mucha dificultad no se pueden hacer a la pata coja y menos con el dolor que tenía, enviamos a la novia a por su guía y lo llevamos a caballo hasta la salida así como pudimos, el chico se maldecía todo el rato de lo que había hecho, y no dejaba de llamarse a sí mismo idiota. Cuando salimos del cañón el guía llego con el todoterreno y se lo llevaron al hospital.

Nos dio mucha pena este momento, pero hay que tener claro que cuando estamos de viaje hay que exponerse lo mínimo a este tipo de situaciones, es verdad que hay veces que tenemos accidentes sin buscarlos, pero intentad evitar al máximo accidentes tontos. No está de más aprovechar este momento para recordar que siempre hay que viajar con seguro, nosotros lo hacemos con Iati, tú elige la compañía aseguradora que más se adapte a ti, pero viaja con seguro.

De camino a Um Frouth Rock Bridge hicimos una pequeña parada con el 4×4 para ver uno de los detalles que solo tienen lugar en el desierto de Wadi Rum, la mezcla de colores entre el desierto rojo y el desierto blanco.

Tras esta pequeña parada llegamos hasta Um Frouth Rock Bridge.

Trepar hasta arriba es bastante sencillo y no presenta dificultad, una vez arriba, encima de la roca que hace de puente, eso ya da más respeto, sobretodo la primera pisada que das en la piedra central, parece que se va a caer, puedes relajarte un poco o simplemente disfrutar del esplendor de Wadi Rum.

Aprovechamos las sombras que se forman abajo del puente para comer un par de sandwiches que nos hizo Ayan, también nos dio fruta, dulces y un par de zumos.

De aquí nos fuimos a cruzar el Abu Khashaba Canyon, Ayan nos dejó en un lado del cañón y se fue con el todoterreno a esperarnos al otro lado.

Este también fue uno de los momentos grandiosos del desierto, estuvimos en el cañón casi una hora, nos lo tomamos con mucha calma, disfrutando del silencio e imaginando la vida beduina en el desierto.

Little Bridge fue nuestra última parada, es el arco más pequeño de los tres que hay en el desierto, pero tiene su encanto.

Este pequeño arco de piedra está situado justo al lado del campamento beduino donde pasamos la noche, el Beyond Wadi Rum Camp.

Nos encantó como nos trataron y las instalaciones en general así que si tienes la oportunidad de alojarte aquí no lo dudes, las habitaciones son geniales, las camas muy cómodas, disponen de duchas y de un generador que se mantiene en marcha hasta pasada la cena.

Todos los campamentos que vimos en el tour por el desierto son prácticamente iguales, varían muy poco, aunque siempre hay alguno fuera de lo normal como por ejemplo el Sun City Camp que tiene algunos alojamientos que emulan el de Matt Damon en la película Marte, y si se quieres un alojamiento superior ya hay que alojarse en Wadi Rum Night Luxury Camp que también tienen habitaciones ambientadas en Marte y con el techo transparente para disfrutar de las estrellas, si tienes un presupuesto en el que te puedes permitir alguno de estos dos alojamientos, no lo dudes, adelante, nosotros cuando volvamos a Jordania intentaremos alojarnos en alguno de ellos.

Como nos quedaban un par de horas antes del atardecer, decidimos hacer una pequeña excursión por nuestra cuenta, cogimos un par de botellas de agua y caminamos un rato sin un destino fijo, solo para disfrutar del desierto como cuando habíamos cruzado el cañón.

Es importante saber que si lo haces por tu cuenta y sin guía hay que llevar GPS ya que es muy fácil desorientarse en el desierto, y otra cosa que hay que tener en cuenta es que un lugar que parece cercano puede estar más lejos de lo que parece, en el desierto es difícil calcular las distancias correctamente si no estas acostumbrado.

Si por algo es conocido el desierto de Wadi Rum es por sus atardeceres, nosotros disfrutamos de él en lo alto del Little Bridge, este es un buen lugar para ver las puestas de sol.

Cuando estábamos viendo esta maravillosa puesta de sol con Dario y Laura, dos chicos que conocimos en el Beyond Wadi Rum Camp, a lo lejos vimos como un camello campaba a sus anchas, y sin pensarlo ni un momento, bajamos del arco y fuimos a su encuentro.

Al principio nos creíamos que los dromedarios estaban en libertad, pero más tarde Ayan nos contó que los camellos los van soltando de vez en cuando y los dejan campar a sus anchas para que coman y se sientan libres varios días, también nos contó que ellos solos suelen volver, aunque alguna veces los tienen que ir a buscar esto no es lo normal.



Después de este primer contacto con los dromedarios se había hecho casi de noche por lo que nos juntamos todos en la carpa central del campamento. En cuanto se va el sol en el desierto las temperaturas bajan y hay que abrigarse un poco para no coger frío. Así que recordad llevar una prenda de abrigo para este momento.

Estuvimos todos los turistas hablando hasta que llego el primer gran momento de la noche, cuando se saca la comida cocinada a la antigua usanza, asada en las brasas enterradas en la arena, así es como cocinan los beduinos.

La cena deliciosa, todo en su punto y con un sabor exquisito.

Tras la cena se apago el generador que alumbraba la carpa donde cenábamos, este es el momento que da inicio a la gran verbena beduina. En ese mismo instante todos salimos a disfrutar de las estrellas, un momento espectacular!!!! se veía el final de la vía láctea pero con una nitidez que nunca la habíamos visto antes, aun lo vemos si cerramos los ojos y pensamos en ese momento, dudamos en la posibilidad de poder volverla a ver con tanta nitidez, fue asombroso.

Con la emoción de las estrellas dio comienzo la velada al rededor del fuego. Este fue otro momento épico de la noche, cantando, tocando los timbales y las panderetas, todos fuimos probando los instrumentos pasándolos de unos a otros, fue un momento muy divertido en el que reímos mucho, tomamos té y disfrutamos en todo momento del manto de estrellas que había sobre nuestras cabezas.

Desgraciadamente se nos acabo la batería de las cámaras y el móvil por lo que no pudimos hacer fotos de esta gran velada. Antes de irnos a dormir nos quedamos un rato mirando al cielo es busca de estrellas fugaces y ovnis 🙂 , tras este momento nos fuimos a dormir muy felices por este gran día y es que Jordania es uno de los destinos que más nos ha impresionado.

Día 7: Wadi Rum – Áqaba – Ammán


 

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